"Quiero volver a vivir"



Una semana antes de la Navidad, mientraa hacía las compras de la semana, me topé con un anaquel de revistas norteamericanas y encontré una edición especial de la revista Life en la que homenajeaba a la película It's a wonderful life (1946), estrenada en Hispanoamérica con el título "¡Qué bello es vivir!". Sentí que era uma oportunidad irrepetible y decidí comprarla por estar cerca el 25 de diciembre. Estando en casa la hojeé y quedé maravillado con la información narrativa y visual de la revista. Y es que han pasado casi 80 años de su estreno y sigue tocando corazones. Veamos por qué.

Todo comenzó con un señor llamado Philip Van Doren Stern (1900-1984), quien fue un historiador estadounidense especializado en la Guerra de Secesión. Es conocido por ser el escritor de la historia "El regalo más grande", publicado en 1943. Dicha historia inspiró la película navideña que nos ocupa. Frank Capra, cineasta italiano ganador de tres premios de la Academia de Hollywood como mejor director, era conocido por su predileccion por las historias llenas de optimismo y esperanza, tan necesarias en la difícil época de la Gran Depresión.

Capra gozaba de popularidad gracias a sus clásicos filmes "Sucedió una noche" (1933), que se convirtió en el prototipo de la comedia romántica de Hollywood y lanzó al estrellato a Clark Gable, "El secreto de vivir" (1936), con Gary Cooper, y "Caballero sin espada" (1939), con James Stewart. Este último actor había vuelto de prestar servicios militares durante la Segunda Guerra Mundial y aceptó la propuesta de Capra para protagonizar el filme. Se estrenó en 1946 y, pese a que fue nominada al Oscar como mejor película, fue un fracaso financiero. El tiempo se encargó de convertirla en un indiscutible clásico, y su influencia no ha parado de hacerse notar en el cine, la televisión y hasta el teatro.

Capra, en sus memorias publicadas en 1971 bajo el título The Name Above the Title, confiesa que de todos los filmes que dirigió, "!Qué bello es vivir!" era su favorito, al igual que James Stewart. Dijo unas palabras conmovedoras que la convierten en imprescindible por su mensaje y no sólo por su calidad cinematográfica: "No la hice para críticos aburridos ni para intelectuales pedantes. La hice para la gente sencilla como yo,... gente que quizás había perdido a su padre, a su hermano o a su hijo. Gente que estaba a punto de perder la ilusión de soñar, y a la que había que decirle que ningún hombre es un fracasado".

Cuando uno ve la película por primera vez puede comprobar la sincera intención del cineasta, quien no oculta su fe católica para transmitir su mensaje de esperanza a cualquieea que esté pasando por etapas de depresión y problemas de cualquier índole. El personaje de la trama, George Bailey, es un tipo como cualquiera de nosotros que hace esfuerzos diarios para sacar adelante a su familia, conservar su fuente de trabajo, cumplir sus deberes sociales, y conservar la compostura a la hora de enfrentar problemas creados por otros o por el inevitable transcurrir del tiempo. Pero no está sólo porque tiene gente que lo ama y se preocupa por él, aunque no se dé cuenta debido a los sacrificios que realiza, sobre todo al ver cómo no pueden realizarse sus sueños de juventud.



Hay quienes piensan que por ser una película antigua y en blanco y negro es aburrida de por sí. Nada más falso, pues basta verla sin prejuicios y disfrutarla gracias a sus entrañables personajes, sobre todo el del ángel de la guarda (interpretado por Henry Travers), su humor espontáneo, sus situaciones cotidianas, su cuota de romance y ternura y especialmente su memorable clímax final. Todo ello sin dejar de mencionar las excelentes actuaciones del reparto, el manejo del apartado técnico y la maestra dirección de Capra.

Sin embargo, lo más trascendental de la película no es sólo su mensaje esperanzador, sino su enseñanza, en forma de fábula, del valor sagrado de la vida. En una época en la que se relega la fe al ámbito privado y se intenta penalizar la actividad provida, fomentando el suicidio asistido, la fecundación artificial, el transhumanismo y el engañoso "derecho a decidir", una película como ésta ès desafiante y contrarrevolucionaria. Por algo se le considera una joya del cine mundial y sigue tocando corazones, especialmente a los que tienen tendencias suicidas.

La vida está llena de problemas, es cierto, pero también de cosas hermosas, y la vida, por sí sola, es una de ellas, pues es el origen de todo lo que podemos apreciar, valorar, agradecer y disfrutar como bendición del Dios, a pesar de los sinsabores que podamos encontrar en el camino. Por eso, los norteamericanos la disfrutan en cada Navidad, pues hasta ahora ninguna otra película logra destronarla de ser clásico navideño por excelencia. Siendo, en mi opinión, la película más humana de la hisroria del sétimo arte, si aún no la viste, búscala y quedará como una de tus favoritas. Te aseguro que no te arrepentirás.

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